El subsidio n. 47 tuvo una gran repercusión. Muchos me lo
comentaron. Les agradezco a todos los que lo hicieron. “Arendt pensaba que
Eichmann había renunciado a ser hombre, lo cual es una de las mayores
tentaciones humanas”… Kant decía: “atrévete a pensar por tu cuenta” (sapere aude)… En este contexto, recordé una carta que
les escribí a los alumnos del Juan XXIII en el año 1998. Carta que les
comparto.
¡Hola! ¿Cómo estás? Seguramente te estás
preparando para las fiestas. Justamente, te escribo para desearte una feliz Navidad.
En este mundo occidental descreído, festivalero y consumista, la Navidad se ha
convertido en una fiesta mundana más. Yo quiero desearte una feliz y
"religiosa" Navidad y te afirmo que la Navidad sólo puede ser alegre
si es celebración agradecida del sorprendente acercamiento de Dios al hombre en
la Encarnación y compromiso de humanizar tu vida y la de los que te rodean.
El nacimiento de Jesús nos habla de un Dios
tan apasionado por los hombres que se anima a hacerse hombre y que, desde
Belén, choca con la apatía y el desprecio de los suyos (cf. Jn 1,11). Aún hoy
día, este sorprendente anuncio de un Dios que se juega por el hombre, es
considerado un dato marginal e irrelevante, sólo perceptible y significativo
para mentes fanáticas y supersticiosas. No, amigo/a, no puede ser así. Yo
siento en el alma el dolor de vivir y de trabajar en un mundo que parece dejar
de lado, sin dificultad aparente, al que para mí es "el necesario" -
Dios - y en un ambiente que cuestiona en el pensamiento, pero sobre todo, en la
práctica, todo lo que nos es querido en virtud de la fe.
Mira, la lectura y meditación de la Biblia
me ha llevado a un muy simple convencimiento: toda ella no es sino un
"guión" en el que el empeño de Dios por llevarnos a desarrollar
nuestras cosas mejores, apoyados por su "aliento", choca repetida y
patéticamente con el empeño del hombre que quiere construir su vida sobre un
"guión" alternativo que trata de apoyar su crecimiento en las fuerzas
que, a la postre, le deshumanizan y corrompen. ¡Prefirieron las tinieblas! (cf.
Jn 1,5).
Por eso, en esta Navidad te auguro:
¡Atrévete a ser humano!
El hombre puede ser más humano o desfallecer
en su intento convirtiéndose en "bestia inhumana" o en "animal
de carga" para los demás. Decir que una persona es "humana", por
desgracia, no es obviedad ni repetición. Sólo nos humanizamos si nos dejamos
llevar por esa bondad de Dios que cambia la vida de arriba abajo. Hacernos
"humanos" es ser plenamente lo que somos; ser verdaderos
"adultos", hombres y mujeres cumplidos, es decir, ser capaces de
engendrar un entorno humano de convivencia en paz y armonía. Hacernos humanos
es escuchar la verdad y asumir nuestra responsabilidad sobre nosotros mismos.
Esto implica en cada uno de nosotros:
1. Irnos construyendo a nosotros mismos. Desde los hermosos años juveniles vamos
forjando nuestra personalidad. No nos dejemos engañar. No es oro todo lo que
reluce ni humaniza todo lo que se nos ofrece. Hay muchas ofertas en el mundo de
hoy que nos llevan a la indiferencia y a la violencia. Ser humanos es dejarnos
impregnar por "el amor, la alegría, la paz y la tolerancia, la benignidad,
la generosidad y la lealtad, la sencillez y el dominio de sí mismo" (Ef
5,22).
2. Cultivar relaciones humanas enriquecedoras. ¡Qué hermosa que es la amistad! ¡Qué
hermoso que es compartir ratos de charla con los amigos, con el amigo o la
amiga de tu corazón! Recuerda que para que una relación sea enriquecedora se ha
de fundar en el respeto: respeto a ti mismo, respeto a la otra persona, respeto
a la misma relación. Que la guía de estas relaciones sea la de Virginia Satir:
"Quiero amarte sin asfixiarte,
apreciarte sin juzgarte,
unirme a ti sin esclavizarte,
invitarte sin exigirte,
dejarte sin sentirme culpable,
criticarte sin herirte,
y ayudarte sin menospreciarte.
Si puedo tener lo mismo de ti
Entonces nos podemos
Realmente encontrar
Y enriquecemos mutuamente.
3. Démosle lugar al Dios de Jesús en nuestra
vida. Yo estoy convencido
que una relación sana y viva con Dios, fuente misma de la vida, acaba por
hacernos a todos más humanos y entrañables. Dios es un factor imponderable en
nuestra historia (no lo podemos ver ni tocar), pero es imprescindible para que
le podamos dar sentido a nuestra vida, para que podamos descubrir la verdad de
nuestro ser, para que nos humanicemos plenamente (cf. Col 2,9-10).
Por eso, en esta Navidad, como siempre,
querido amigo, querida amiga, deseo que abras las puertas de tu corazón y de tu
mente al Dios de Jesús. ¡Que puedas celebrar una feliz y "religiosa"
Navidad con los tuyos! Y que goces también de unas felices y humanizadoras vacaciones.
Juan
(Enviado por Juan M.Algorta Padre Salesiano)
Muchas de las ideas
contenidas en esta carta, las puedes encontrar en FERNANDEZ-MARTOS J.M., Adviento 1998. ¡Atreveos a ser humanos!, "Sal
Terrae" 86/9 (1998) 733-746,