sábado, 31 de diciembre de 2011

La fascinación del fuego comienza con una chispa



En el 2012 enciende la chispa

"La fascinación del fuego comienza con una chispa.” ¡Qué amables son todas tus obras!, y eso que no vemos más que una chispa”, dice el libro del Eclesiástico. ¡Qué sería si fuéramos capaces de vislumbrar el fuego del que estamos hechos!
La misión del hombre es recuperar nuestra esencia de amor, unir los pedazos dispersos por el odio, el egoísmo, las guerras y el miedo. Sabernos hechos de un mismo fuego nos devuelve la paz y nos resitúa en nuestra verdad, donde no hay competidores ni enemigos, sino hijos de un mismo Padre.
“Vine a traer fuego a la tierra -dice Jesús- y qué más quiero si ya está prendido”. Como el fuego todo lo penetra, así la creación entera está atravesada por el amor y la luz. La fascinación comienza con una chispa.
J. P. Lamet

¡Feliz Año Nuevo!


Gracias Padre Juan Manuel Algorta

viernes, 18 de noviembre de 2011

AMOR Y ABUNDANCIA


Estas son  algunas pautas para tener Verdadera Riqueza, para llegar a la abundancia y prosperidad en nuestras vidas: 
 
            * Disfrute sirviendo por la pura alegría de hacerlo.  Desde un espacio interno de Amor haga lo que le da alegría y Paz en el ahora. ¡Haga lo que usted realmente ama hacer! ¡Focalice e  Inténtelo! 
 
            * Enfoque en lo que usted puede "Dar" de lo que usted tiene.  Pregunte a menudo "Cómo puedo servir o agregar valor con lo que yo tengo"? "¿ que es lo mejor que puedo dar al mundo?; ¿cómo puedo servir mejor a los demás con los muchos o pocos talentos  que Dios me ha dado "?
 
            Usted es una Fuente creativa infinita.  Ud. puede crear casi todo lo que nosotros queremos. Use este poder de visualización creativa que todos tenemos ,para crear imagenes bien formadas de lo que realmente quiere. 

Confíe que articulando y pensando con el espíritu elevado sobre los resultados deseados en un espacio de gratitud y abundancia ,estos se manifestarán en lo que usted quiere ciertamente.   

(Extractado de Verdadera Riqueza de Arun Wakhlu)

jueves, 20 de octubre de 2011

Resultados Buenos y Concretos... ¡¡¡ SI SE PUEDE !!!

Mantengamos la  Fe para lograr resultados concretos en nuestras vidas. Este divino regalo con que Dios nos ha privilegiado nos conduce por el buen camino, y en el cual vemos en un maravilloso ámbito de paz interior y confianza  de que las cosas en el mundo, si las tratamos con intensidad, sana intención, persistencia, esfuerzo y a veces, con gran sacrificio, el resto se puede dejar en manos de Dios quien se encargará del logro final.Vale decir,que  con Fe el hombre hace lo que Jesús nos ha enseñado  y el resto Dios lo dará por añadidura.
Abramos nuestros CORAZONES y no permitamos que se desvanezca  nuestra Fe, no dejemos que prevalezca la cultura del mal, promovamos la civilización del amor y la forma más eficiente para lograrlo es conservando nuestra Fe inamovible, a pesar de la insistencia del mundo actual que con su dinámico y vertiginoso ritmo intenta alejarnos de nuestros tiempos de reflexión,oración, borrando de la vida cotidiana la presencia de Dios, y aunque cada vez más ,rodeado de más cosas y personas igualmente nos vemos sumergidos  en una soledad cada vez más profunda e inevitable.

domingo, 28 de agosto de 2011

La espiga y la vida

Mamerto Menapace  (de La sal de la tierra)


La misión de la espiga no es ser el lugar definitivo para la semilla.
Cada semilla debe asumir la vida de una manera tan suya y personal, que pueda vivirla independientemente de la espiga en la que maduró.
Toda semilla que quiera cumplir con su vocación de vida, y con su misión por los demás, debe aceptar la deschalada y el desgrane. Sólo si ha asumido su vida en plenitud y de una manera personal, será capaz de seguir viviendo luego de la desgranada. Y así podrá incorporarse al gran ciclo de la siembra nueva.
Si su vida es auténtica, y acepta hundirse en el surco de la tierra fértil, su lento germinar en el silencio, aportará al sembrado nuevo una planta absolutamente única, pero que unida a las demás, formará el maizal nuevo.
No es el maizal el que valoriza la identidad de las plantas. Es el valor irremplazable de cada planta, en su riqueza y fecundidad, lo que valoriza al maizal.
No es la sociedad nueva la que creará los hombres nuevos. Son los hombres nuevos quienes formarán la nueva sociedad.

sábado, 20 de agosto de 2011

Ser bueno, actuar con generosidad…


EL JORNALERO QUE LLEGÓ AL AMANECER
Dolores Aleixandre

La enfermedad de nuestra hija arruinó mi vida.

Yo había nacido en Galilea, en una aldea cerca de Caná y heredé de mis
antepasados un viñedo espléndido, plantado hacía más de cien años y que
iba pasando de padres a hijos. Me casé, tuve hijos y mi vida transcurría en paz
según las palabras del Profeta: “Habitarán cada uno debajo de su parra y de
su higuera” (Mi 4,4).

Pero mi hija menor comenzó a padecer una extraña enfermedad de la que
nadie parecía conocer ni el origen ni el remedio y tuve que peregrinar de
médico en médico, sin que sus costosos tratamientos, que acabaron por
arruinarnos, lograran sanarla.

La niña murió y tuve que vender mi viña para pagar mis deudas; el día en que
se selló el contrato de venta, sentí que me arrancaban junto con ella las raíces
de mi esperanza. Tuve que entregar también a mis acreedores la casa de mis
padres.

Mi esposa y yo abandonamos el pueblo que nos había visto nacer para
trasladarnos a un barrio mísero en las afueras de Caná, con la esperanza de
que, como era tiempo de vendimia, alguno de los propietarios me daría trabajo
de jornalero.

Al amanecer me presenté en la plaza y cuando a primera hora llegó el dueño
de uno de los mejores viñedos, señaló con su dedo a diez hombres que, como
yo, esperaban en silencio. Oí que ajustaba el salario en un denario pero a mí
debió considerarme viejo y con pocas fuerzas y no me eligió.

Volvió a mediodía para llevarse a los pocos que quedaban y yo me senté en
una esquina de la plaza con la cabeza hundida entre mis brazos, escondiendo
de las miradas de los demás mi humillación y mi vergüenza.

A media tarde volvió, se acercó a mí y me preguntó:

“¿Nadie te ha contratado?”.

“Nadie, señor”, le respondí tragándome el orgullo.

“Ven entonces a trabajar a mi viña”.

Le seguí asombrado porque faltaba sólo una hora para la caída del sol y me
puse a recoger racimos con la torpeza de quien nunca ha trabajado con sus
manos, acostumbrado a dar siempre órdenes a otros.

Cuando los capataces dieron la señal de fin de trabajo y ordenaron que nos
fuéramos acercando a cobrar el salario empezando por los que habíamos
llegado los últimos, pensé que me pagaría sólo unos céntimos. Pero cuál no
sería mi sorpresa cuando vi que el dueño ponía en mi mano una moneda de un
denario.

Le miré con asombro agradecido y cuando se cruzaron nuestras miradas sentí
que sus ojos penetraban hasta lo más hondo de mi tragedia con un respeto y
una compasión que nunca antes había experimentado.

“Vuelve mañana”, me dijo y, mientras me alejaba, oí las protestas de mis
compañeros al ver que cobraban lo mismo que yo.

El amo no pareció alterarse ante sus quejas y dijo:

“¿Es que no ajusté con vosotros un salario justo? Si quiero darle a ese otro lo
mismo que a vosotros ¿por qué os enfadáis? ¿O es que vais a impedirme ser
bueno y actuar con generosidad con quien yo quiera?”.

“Ser bueno, actuar con generosidad…” Eran unas palabras y una conducta
a las que no estaba acostumbrado y que me invitaban a salir de los criterios
estrictos de la retribución para respirar un aire que me era desconocido.

No lo dudé ni un instante. Al día siguiente, antes de que amaneciera, ya
estaba yo trabajando en la viña y, cuando llegó el amo, había ya llenado con
racimos varias espuertas.

– “No me pagues este tiempo de más. También yo quiero tener un corazón
bueno como el tuyo”, le dije.

Y leí en su mirada la alegría de haber conseguido contagiar a otro el misterio
de su gratuidad.

(Enviado por Juan M,.Algorta ,Sacerdote Salesiano)

sábado, 13 de agosto de 2011

El que quiera ser amado, que ame.(Gandhi)

Le preguntaron a Mahatma Gandhi cuales
eran los factores que destruyen al ser
humano, les respondió así:

La Política sin principios,

el Placer sin compromiso,

la Riqueza sin trabajo,

la Sabiduría sin carácter,

los Negocios sin moral,

la Ciencia sin humanidad

y la Oración sin caridad.

La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable;

que las personas están tristes, si estoy triste;

que todos me quieren, si yo los quiero;

que todos son malos, si yo los odio;

que hay caras sonrientes, si les sonrío;

que hay caras amargas, si estoy amargado;

que el mundo está feliz, si yo soy feliz;

que la gente es enojona, si yo soy enojón;

que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La
actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí

"El que quiera ser amado, que ame".


( Enviado por
 Juan M. Algorta
 Sacerdote Salesiano
 )

martes, 14 de junio de 2011

Abramos nuestro CORAZÓN y compartamos nuestro AMOR y nuestra ALEGRÍA


En la actualidad se pueden apreciar  construcciones más  altas y carreteras más amplias, sin embargo muchos de nosotros
 nos caracterizamos por ostentar  temperamentos cortos y puntos de vista más estrechos. Gastamos más dinero y tiempo ,  pero disfrutamos menos. Aumentamos la calidad y el confort de nuestras casas ,  pero generamos familias cada vez más pequeñas. Tenemos más compromisos, pero menos tiempo. Tenemos más conocimiento, pero menos juicio. Tenemos más medicinas, pero menos salud. Hemos multiplicado nuestros bienes, pero hemos reducido nuestros valores. Hablamos muchos, gustamos sólo un pocos, y odiamos demasiado. Hemos conquistado el espacio exterior, pero no nuestro espacio interior. Vivimos tiempos con más libertad, pero con menos alegría … con mucho más alimentos, pero menos nutrición … En la actualidad son más los integrantes de la familia que deben desdoblarse laboralmente ,o para mantener un salario digno o presos de un voraz consumismo, pero también como contrapartida aumentan las separaciones y los divorcios.
Otra característica de nuestra condición de personas es acumular y guardar determinadas cosas para ocasiones especiales ,  consideremos cada día y cada momento de nuestras vidas como ocasiones especiales y nuestro amor, nuestra alegría, nuestros hijos, nuestra familia, nuestros amigos como un gran tesoro acumulado a través del tiempo.
 Busquemos el conocimiento, informémonos  más, veamos más detenidamente nuestro contexto ,sin prestar atención a las necesidades. Pasemos más tiempo con nuestras familias, comamos ese alimento favorito, visitemos los lugares que que nos complacen. Veamos la vida como una concatenación  de momentos de placer; más que un simple trámite de supervivencia. Hagámosle saber a nuestras familias y amigos cuanto los amamos.
En definitiva abramos nuestro corazón y sin desconocer lo bueno y lo malo que nos rodea , dejemos “escapar” nuestro  amor,  nuestra alegría , esbocemos sonrisas por doquier. Sí, todos y cada uno de nosotros podemos hacerlo. Puede no ser fácil muchas veces , pero , si nos esforzamos veremos que podemos lograr  el comienzo de un buen cambio.
 Cada día, cada  hora y cada  minuto son ocasiones especiales, regalos divinos con los que DIOS nos ha privilegiado.

miércoles, 25 de mayo de 2011

“Pedid, y Dios os dará” (Mt 7,7)

(Enviado por el Padre Algorta y escrito por  José Arregi en Subsidios 21Serie 2011)

Como todo judío, Jesús oraba a menudo en forma de petición. También
nuestra oración suele adoptar generalmente la forma de la petición. Pero
¿necesita Dios que le pidamos para que nos dé algo?

“Al orar, no os perdáis en palabras como hacen los paganos, creyendo que Dios los va
a escuchar por hablar mucho. Ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis antes de que
vosotros se lo pidáis” (Mt 6,7-8).

¿Para qué pedir entonces? ¿Tiene sentido pedir algo a Dios? No tiene sentido
expresar a Dios nuestras necesidades para que así se entere de lo que
necesitamos, como si de otro modo no lo supiera.

No tiene sentido pedir algo a Dios para cambiar la disposición de Dios a
nuestro favor o a favor de algún otro; Dios no puede cambiar a mejor, no puede
dar más, no puede darse más…

No tiene sentido pedir algo para que Dios no deje que suceda algo que
sucedería si no se lo pidiéramos, o para que haga suceder algo que de otro
modo no sucedería.

Por eso, algunos proponen que se abandone absolutamente la oración de
petición. Efectivamente, es muy discutible que “pedir” a Dios tenga sentido, si
partimos de que Dios está dándonos en todo momento todo lo que es y todo lo
que tiene…

Nadie pide algo al que se lo está ofreciendo: no decimos “pásame el
agua” cuando nos la están pasando; no decimos “ábreme la puerta”
cuando nos la están abriendo; no diríamos a alguien “perdóname”, si
estuviésemos absolutamente seguros de que ya nos perdona del todo; no le
diríamos “quiéreme”, si estuviéramos absolutamente seguros de que ya nos
quiere del todo. ¿Por qué pedir, pues, a Dios?

Es razonable pensar que la oración de petición, en su forma literal, tal vez no
tenga mucho sentido. Si decimos a Dios “ten piedad”, damos a entender que
en este momento en que se lo pedimos no está teniendo piedad de nosotros o
puede no tener piedad de nosotros en el futuro. Si decimos a Dios “ayúdame”,
estamos dando a entender que Dios no nos ayuda o puede no hacerlo. Pero
Dios no puede no tener piedad, pues es piedad. Dios no puede no ayudar,
pues es ayuda y compañía.

El sentido de la oración de petición está más allá de la petición

Lo cual no quiere decir de ningún modo que la inmensa muchedumbre de
personas que en todas las religiones y en todos los tiempos han orado y siguen
orando a Dios en forma de súplica hayan orado y oren sin sentido. De ningún
modo.

Pero su oración tiene sentido más allá o a pesar de la fórmula de petición. El

sentido de la oración de petición no está en la forma de la petición, sino más
allá o a pesar de ella.

¿Cuál es el sentido de la oración de petición? Dicho de otra forma, ¿qué
expresamos cuando pedimos algo a Dios? Expresamos a Dios con sencillez y
confianza todas nuestras necesidades, nuestro ser radicalmente necesitado,
como Jesús nos enseñó a hacer en el Padrenuestro, y como él mismo lo hizo
tantas veces.

Expresamos ante Dios nuestro límite y nuestra impotencia. Manifestamos
a Dios nuestra confianza plena en que Él está en todo momento dándonos
todo, dándosenos del todo, obrando en favor nuestro y para nuestro bien.
Manifestamos a Dios nuestra fe en que todo bien nos viene de las manos de
Dios. Ése es el auténtico sentido de la oración de petición. Lo que pasa es que
el giro gramatical de la petición tal vez oculte ese sentido, en vez de expresarlo.

En cualquier caso, aunque no pidamos nada a Dios, podemos darle gracias
porque todo nos viene de Él. Podemos llorar ante Él. Podemos expresar
nuestra fe en que todos los bienes nos vienen de Él.

El sentido de la petición no está, pues, en el pedir, sino en las actitudes
fundamentales de la persona que pide. Lo que tiene sentido no es la petición,
sino la humilde gratitud, la acogida agradecida, la confianza incondicional.

Eso es lo que nos enseñan, en último término, la parábola del amigo importuno
(Lc 11,5-8) y la parábola de la viuda y del juez (Lc 18,1-8): lo que recomiendan
estas parábolas no es la perseverancia en la petición, sino la perseverancia en
la confianza; no nos enseñan a seguir pidiendo sin descanso, sino a confiar sin
cesar; no nos dicen que Dios se pondrá de nuestro lado a base de que se lo
pidamos, sino que Dios está de nuestro lado siempre, queriendo darnos todo lo
que de verdad necesitamos.

No oramos para que Dios se entere, para que Dios nos dé, para que Dios se
apiade, para que Dios nos haga libres y buenos, para que Dios nos ame y nos
dé una vida cada vez más realizada y plena. No oramos para que Dios cambie.
No oramos para que Dios sea Dios.

Dios no puede sino dar, darse, ser misericordia, hacer vivir. Es como si Dios
mismo estuviera pidiéndonos a nosotros todos: “Déjame que sea Dios para ti”.
A lo mejor, tiene más sentido hablar de la oración de petición de Dios a sus
criaturas que hablar de la oración de petición de las criaturas a Dios.

Oramos para acoger a Dios, para aceptar en nuestra vida a Dios como Dios,
para acoger todo el bien que Dios es y quiere otorgarnos en plenitud.

Oramos para transformarnos nosotros mismos en dadores de Dios para
nosotros mismos y los demás.

Dios no puede darnos nada desde fuera, de manera mágica o “milagrosa”. Se
podría decir incluso que Dios no puede “ser Dios” para nosotros sin nosotros, o
que no puede ser Dios para los demás sino gracias a nosotros.

Cada uno está llamado a ser “teóforo”, dador de Dios. Y esto es así en los
bienes más materiales y en los bienes más “espirituales”.

La oración puede convertirse, ha de convertirse, en una manera de activar la
disponibilidad para hacer cuanto esté en nuestra mano para que suceda el bien
que Dios nos está dando, pero que sólo nos puede dar a través del mundo y de
nosotros mismos.

No es Dios quien cambia con nuestra oración (aunque sea de petición), sino
que somos nosotros los que cambiamos: aprendemos a vivir en confianza
incondicional, y nos convertimos en protagonistas y autores de aquello que
Dios es y quiere dar a cada uno y cada una.

Así es como adquiere sentido “orar por los demás”. Cuando oramos por una
persona, no pedimos a Dios que se acuerde o sea bueno con esa persona, no
pedimos que Dios cambie.

Cuando oramos por una persona, nos sentimos en comunión con ella,
expresamos y ahondamos nuestra solidaridad profunda con esa persona. En
la medida en que podemos nos convertimos en portadores de Dios para ella,
en la medida en que podemos realizamos aquello que Dios quiere ser para esa
persona y darle a ella.

Algunos hablan de “transmitir energía”; nosotros hablamos de transmitir a Dios,
fuente de todo bien… Estamos llamados a ser Dios los unos para los otros, y
ese es el sentido último de la oración por los demás, de la intercesión.

¡Cuántas personas nos dicen: “reza por mí”! Sí, necesitan que recemos por
ellas, y necesitamos que recen por nosotros. Pero no para que “intercedan”
ante Dios por nosotros, como si Dios necesitara intercesores.

Más bien, orar los unos por los otros es convertirse en intercesión mutua, y la
intercesión consiste en actuar la comunión profunda, la misteriosa solidaridad
que existe entre nosotros.

En el fondo, “interceder” es transformarnos en cauce de Dios, y Dios mismo,
los unos para los otros.

En tiempos de Jesús predominaba la mentalidad apocalíptica: se esperaba
un próximo fin del mundo, y la mirada no se dirigía tanto a la relación de Dios
con cada persona, sino al juicio del pueblo por parte de Dios. La perspectiva
colectiva prevalecía.

Jesús comparte en general la perspectiva apocalíptica, pero él tiene muy
presente la relación cercana y amorosa de Dios con cada persona, con cada
criatura:

“Fijaos en las aves del cielo; ni siembran ni siegan ni recogen en
graneros y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta” (Mt 6,26);

“No se vende un par de pájaros por muy poco dinero? Y, sin embargo,
ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a
vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis,
vosotros valéis más que todos los pájaros” (Mt 10,29-31).

Jesús insiste una y otra vez en que Dios ama a cada individuo, sean cuales
sean sus fallos. Su mayor deseo es que los perdidos se dejen hallar.

Tú y yo somos responsables de encarnar el cuidado personal de Dios por cada
criatura, y de manera especial el cuidado de Dios por esa persona necesitada y
cercana a ti y a mí.

José Arregi

sábado, 30 de abril de 2011

Resultados: Poco ruido y MUCHAS NUECES


RESULTADOS
(Extractado de Subsidios 18 Serie 2011y enviado por 
 Dolores Alexandre)

Buscando en You Tube una conferencia reciente de Willigis Jager, veo otra
más antigua con este título: “La humildad” pero, cuando intento dar con ella, lo
que aparece en pantalla es: “esta búsqueda no obtiene resultados”.

No me extraña demasiado porque “humildad” y resultados” suelen estar de
suyo bastante distanciados, salvo para un puñado de despistados por el
Evangelio que andan sueltos por ahí.

Busco la palabra “resultado” en el diccionario de sinónimos y salen a mi
encuentro: logro, éxito, provecho y productividad, todos vestidos de Armani,
saludándome encantados y sonriéndome con sus dentaduras blanquísimas.
Esto es ya otra cosa, pienso, y en este lenguaje ya nos entendemos todos,
desde Botín hasta Mourinho, pasando por la SGA, la JMJ y el chino de la
tienda de todo a cien, aunque él plonuncie lesultado.

Echándole imaginación, se me ocurre que es como si el Padre, después de
arreglarle bien el nudo de la corbata al Hijo y comprobar que no le faltaba
nada en el maletín, lo hubiera enviado con esta recomendación: “Hala hijo:
a obtener resultados”. No le dio ningún ejemplar del Manual del Triunfador,
pero quedaron en que se conectarían cada madrugada para diseñar juntos la
estrategia del día.

Empezó por domiciliarse entre nosotros en un pueblo perdido que ni siquiera
aparece en la guía Michelin (mal empezamos) y respondía al nombre de Jesús.
Estudios, los justitos; el arameo, con acento galileo y el griego, lengua del
imperio, flojísimo.

Se puso a currar en un taller y algunos pensaron que iba a montar un
franquiciado de exportación de maderas. Pero no, fue un chasco para todos:
esperó a cumplir los 30, edad evidentemente tardía cuando a esas alturas otros
más jóvenes presentan ya resultados exitosos. Y él, sin pisar business school
alguna, se puso a buscarlos con métodos rarísimos.

Ideas e innovación no le faltaban y parecía emprendedor pero en seguida los
entendidos vieron que no paraba de cometer errores: “No está en sus cabales”
comentaban los de su entorno (Mc 3,21): qué desperdicio de recursos y de
posibilidades, qué mal le asesoran esos socios insolventes de los que se
ha rodeado, qué falta le está haciendo un coach que le espabile y le ayude
a establecer un plan en acción con mejores expectativas porque, con el
marketing que emplea, que se despida de obtener ganancias.

No se puede ir por la vida confesando que no tiene dónde reclinar la cabeza,
afirmando que el dinero es como un coágulo en la sangre que te detiene el
flujo vital, que a los pobres no hay quien los gane en alegría y que no conoce
mejor inversión en bolsa que la de ganarse amigos. Declaraciones como esas

generan inestabilidad y alarman a los inversores. Vas derecho a la crisis,
muchacho, cotizas a la baja, prepárate a la suspensión de pagos o incluso a
algo peor.

Y lo peor llegó: fracasó su empresa, se hundió su proyecto, se fugaron sus
socios, todo se vino abajo, terminó por quebrarse él mismo. Se reían al
verle tan hundido: “Mirad cómo ha acabado el que se empeñaba en arreglar
el mundo…” Borraron su nombre de la lista de los vivos, los eficaces, los
competentes y los VIPS y pusieron una losa encima de su recuerdo.

No lo consiguieron. Sigue vivo entre nosotros y su memoria continúa
transmitiéndose de boca en boca y encandilando a muchos que dedican sus
vidas a la empresa creada por él, empeñados en seguir sus mismos extraños
métodos de gestión.

Con todos ellos esperamos en silencio el bonus que concede el Padre a los
resultados de su Hijo y que inundará de luz la noche del Primer Día de la
semana

domingo, 27 de marzo de 2011

Servir, Dar y Ayudar a otros

Vamos a confiar en Dios y seguir adelante con fe

Confiemos en nuestro Corazón, en nosotros mismos ,sepamos que posemos hacer mucho por nosotros y por los demás

Enseñemos a las personas a encontrar maneras de

Servir, Dar y Ayudar a otros

usando sus propios Talentos y Dones , enseñemos a encontrar las Cosas que ellos aman haciendo.

Dios desea que nosotros hagamos cosas que Amamos haciendo.

Eso es Plan de Dios para cada uno de nosotros.

La propuesta se basa en la ALEGRIA, el ENTUSIASMO y la PAZ

(Mail recibido de parte de
Arun Wakhlu Executive Chairman of Pragati Institute(P) Ltd.
Pune,India
http://www.pragatileadership.com/)

viernes, 4 de marzo de 2011

El templo de nuestro Corazón


  • Marcos 11:15-18
    Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía, diciendo: "¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos?" Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos." Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad.
    ¿Qué me estás diciendo, Señor?
  • Es fácil que mi tiempo de oración se convierta en un tiempo de reflexión de todo tipo de cosas. Mi oración puede parecerse al Templo de esta lectura: aparentemente dedicado a Dios; pero en el hecho comprometido con otras actividades, preocupado por los asuntos del día. Pido ayuda a Dios para que me reciba estas inquietudes y las bendiga, y así poder controlarlas más adelante.
  • El corazón es el lugar para el amor y la amistad. Pido a Dios su ayuda para que mi corazón no se convierta en la guarida de la preocupación, de la duda, de la desconfianza y de otros ladrones de la paz.
(Extractado de  Sacred Space :
El Lugar de Oración administrado por los Jesuítas Irlandeses)

martes, 25 de enero de 2011

Aprender de las águilas



Entre las aves, el águila es la que vive más tiempo, cerca de 70 años.
Pero para alcanzar esta edad, ella debe tomar una difícil decisión; nacer de nuevo.
A los 40 años sus uñas se encogen y se ablandan, dificultándole agarrar las presas de las cuales se alimenta. El pico alargado y puntiagudo, se encorva. Las alas envejecidas y pesadas, se le doblan sobre el pecho, impidiéndole emprender vuelos ágiles y veloces.
Le quedan al águila dos alternativas:
Morir o pasar por una dura prueba a lo largo de 150 días. Esta prueba consiste en volar a la cumbre de una montaña y buscar abrigo en un nicho cavado en la peña. Allí golpea el pico viejo contra la peña hasta quebrarlo. Y espera hasta que le crezca el nuevo y pueda con el arrancarse las uñas. Cuando despuntan las uñas nuevas, el águila extirpa las plumas viejas y después de cinco meses, crecidas las plumas nuevas, arranca a volar de nuevo, decidida a vivir otros 30 años.
A lo largo de la existencia, la posibilidad de sobrevivir depende muchas veces de imitar el ejemplo del águila. El que se entrega, abatido, al peso del sufrimiento y de las dificultades, tiende a abreviar sus días.
(Tomado de Subsidios 04  Serie 2011 )