Ante
tantas predicciones del fin del mundo, el texto del Evangelio de este domingo
nos dice algunas cosas que deben quedar más claras. José Pagola nos hace algunas sabias reflexiones.
El
mejor conocimiento del lenguaje apocalíptico, construido de imágenes y recursos
simbólicos para hablar del
fin del mundo, nos permite hoy escuchar el mensaje esperanzador
de Jesús, sin caer en la tentación de sembrar angustia y terror en las conciencias.
Un día la
historia apasionante del ser humano sobre la tierra llegará a su final. Esta es
la convicción firme de Jesús. Esta es también la previsión de la ciencia
actual. El mundo no es
eterno. Esta vida terminará. ¿Qué va a ser de nuestras luchas y
trabajos, de nuestros esfuerzos y aspiraciones.
Jesús
habla con sobriedad. No quiere alimentar ninguna curiosidad morbosa. Corta de raíz cualquier intento de
especular con cálculos, fechas o plazos. "Nadie sabe el día o la
hora...,sólo el Padre". Nada de psicosis ante el final. El mundo está en
buenas manos. No caminamos hacia el caos. Podemos confiar en Dios, nuestro
Creador y Padre.
Desde esta
confianza total, Jesús expone su esperanza: la creación actual terminará, pero será para dejar paso a
una nueva creación, que tendrá por centro a Cristo resucitado.
¿Es posible creer algo tan grandioso? ¿Podemos hablar así antes de que nada
haya ocurrido?
Jesús
recurre a imágenes que todos pueden entender. Un día el sol y la luna que hoy
iluminan la tierra y hacen posible la vida, se apagarán. El mundo quedará a
oscuras. ¿Se apagará
también la historia de la Humanidad? ¿Terminarán así nuestras esperanzas?
Según la
versión de Marcos, en medio de esa noche se podrá ver al "Hijo del
Hombre", es decir, a Cristo resucitado que vendrá "con gran poder y
gloria". Su luz salvadora lo iluminará todo. Él será el centro de un mundo nuevo,
el principio de una humanidad renovada para siempre.
Jesús
sabe que no es fácil creer en sus palabras. ¿Cómo puede probar que las cosas
sucederán así? Con una sencillez sorprendente, invita a vivir esta vida como
una primavera. Todos conocen la experiencia: la vida que parecía muerta durante
el invierno comienza a despertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo
pequeñas hojas. Todos saben que el verano está cerca.
Esta vida
que ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No
podemos obtener logros definitivos. Pero hay pequeños signos de que la vida
está en gestación. Nuestros
esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie sabe el día,
pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último de la realidad
que los creyentes llamamos Dios.